DOS TAZAS DE CAFE

El móvil sonó brevemente, era un mensaje: "Estás bien?" Ella respondió enseguida que sí, y Julio le preguntó que si le invitaba a un café. Ella le contestó que por supuesto, pero su sorpresa fue que él le dijo "pues abre, estoy en tu puerta".

Abrió y ahí estaba él. Julio se acomodó en el sofá y observó detenidamente lo que había a su alrededor mientras Ella le preparaba un café. Todo era en azul y marfil, había una mezcla de objetos diversos: velas, un bambú, una torre con discos, recuerdos en las vitrinas y libros, libros de estudiante, usados, amarillentos, manoseados, sin duda alguna eran ya viejos, de su época de estudiante, cogió uno y comprobó que tenía anotaciones. Efectivamente, eran de sus años como estudiante.

Apareció con dos tazas estilo japonés, de color negro, el café, azúcar y unos bombones. Ella se disculpó por cómo estaba vestida. No iba maquillada, sólo un brillo de labios, llevaba una camiseta blanca que le marcaba los pechos, un ajustado pantalón vaquero de color antracita y playeros blancos con unos calcetines de deporte que a Julio le hicieron gracia por los muñequitos que tenían detrás. Nunca la había visto así y la encontró acogedora. Cuando Ella se sentó junto a él, notó que no olía como siempre y se lo dijo.

-En casa utilizo un perfume de té verde, no te gusta?

Julio le contestó que le gustaba, que en realidad le gustaba todo, que estaba descubriendo parte de ella que desconocía. Su vista se clavó en el ordenador que había sobre la mesa, en un rincón, y súbitamente se excitó: ahí era donde tenían sus aventuras virtuales, e inmediatamente la imaginó sentada, de noche, hablando con él. Ese rincón era la lujuria.

Ella adivinó su mirada y le cogió suavemente del mentón: Sí, ahí es. Y Julio se dejó llevar por un impulso. Se acercó más a ella y la besó, primero de forma sutil pero viendo que Ella no oponía resistencia, la obligó a abrir más sus labios para besarla como tantas veces lo había imaginado mientras posaba una mano en ese pecho que se agitaba cada vez más rápido.

Ella con mirada cómplice, se levantó y le cogió de la mano, llevándolo por un pequeño pasillo hasta su dormitorio. También era azul y marfil. Encendió varias pequeñas velas y con deseo le desabrochó la camisa, se la quitó, e hizo lo mismo con el resto de la ropa. No tenía que pedir permiso, su slip azul ponía de manifiesto una tremenda erección, y dejar al descubierto semejante miembro le hizo humedecerse al instante, y el clítoris aumentaba de tamaño, hinchándose de deseo. Julio ve un pañuelo sobre una mesita, rápidamente lo coge y le dice: vamos a jugar.

Tapó sus ojos y al anudar el pañuelo de gasa negra en su nuca, queda sumida en la oscuridad. El sentido de la vista era el único que de momento queda anulado. Ella permanece en la cama desnuda a merced de su compañero de fantasías.

Nota sus manos desnudándola, rozando su sujetador, retirando su braguita, sintiendo como sus pezones se endurecen por el leve cambio de temperatura. Se siente observada. El inicio de juego parece claro. Se abre de piernas y con una mano encima de un muslo y con la otra sobre su pubis empieza a acariciarse su sexo. Hacía rato que lo tenía mojado. En la oscuridad se siente observada sintiéndose transgresora y perversa, morbosa y seductora a la vez. Él la ve como actúa y se convierte en espectador privilegiado. No duda en agarrar su pene y acariciarse sin prisa. Disfrutando de la imagen, de la lascivia natural de ella. El olor  a té se hace evidente. Los pequeños puntos de luz dorados dibujan el cuerpo calido de ella sobre la sábana blanca. La imagen es espléndida. Él se para a observarla, cómo yace indefensa y expectante. Deseosa y sexy. Él no puede pedir más, en aquel momento, en aquella habitación, se siente el hombre más feliz y más poderoso del Universo.

Él se sube a horcajadas sobre ella rozándole con sus testículos el estomago. Al contacto de piel con piel se estremecen ambos. Subido encima de ella puede ver por un lado sus pechos, su cara tapada con la venda, su pelo negro, sus brazos... Por la otra parte, y debajo del culo de él, sale el vientre de ella y las dos piernas extendidas sobre la cama. Ella nota algo duro que recorre su sexo de abajo arriba abriéndolo, para, a continuación, sentir cómo le intenta abrir la boca a besos. Ella la abre y recibe entre sus labios un objeto dulce que se rompe. Es un bombón de licor que él come contra la boca de ella. Los dos mastican a la vez, llenándose de chocolate y saliva. De nuevo él con otro bombón se lo frota por los labios de su sexo y se los acaba abriendo. Contrasta el oscuro bombón de chocolate entre los pliegues rosáceos de un sexo licuado. Julio se lleva el bombón a la boca, lo aguanta con los dientes y al metérselo entre los labios de ella y aprieta en el momento que ambas bocas se convierten en una. Los dos comen y mastican el mismo bombón, jugando con sus lenguas. El beso se convierte en un intercambio de saliva, licor, chocolate aderezado con el fluido de un sexo palpitante y aromático. El tercer bombón entra y sale de la vagina de ella. Una sensación diferente. Ella sigue con los ojos tapados tumbada sobre la cama captando todo lo que pasa a su alrededor. Su paladar, su olfato, su oído, su tacto, todos sus sentidos trabajan menos su vista. Sigue hundida en una oscuridad que potencia todas los demás sensaciones. Esta vez el dulce esta empapado en fluidos de ella. "Saca tu vibrador", y ella le obedece. Alargando una mano hacia un cajón saca a tientas un consolador rosa y un tubo de lubricante. Sabe de lo que él es capaz y se lo va a poner fácil.

Él se incorpora lo suficiente para ponerle su miembro en los labios. Ella enseguida identifica la textura y con habilidad y sólo con la boca sorbe todo el glande, dejándolo húmedo de saliva. El pene va directamente a la boca de ella que lo lame. Ver cómo ella saborea, chupa, lame y se come el pene, lo pone a mil, ya no puede esperar más.

Sin sacarle el pene de la boca de ella, nota algo duro y romo en su sexo, que de golpe se pone a vibrar. No tarda en identificarlo. Pero a la vez nota la sensación fría de un líquido que cae sobre su sexo. Él frota el vibrador sobre este líquido y acaba por buscar la entrada de la vagina con una leve presión: entra todo hasta el fondo. Allí lo deja vibrando, asomando apenas unos centímetros, está en el interior de la vagina de ella. El vibrador tiene vida propia. Ella nota como todo su vientre vibra mientras él ha iniciado un mete saca en su boca.

- Te gusta?

- Mmmmmmmmmm…no puede articular palabra…

 

Ella mueve la lengua en el interior de su boca, cierra los labios alrededor de la verga. Él disfruta de la vista. Tumbada, en la entrepierna el vibrador no para de temblar en su interior. El pene entra y sale de su boca. Sus manos se agarran al culo y acelera el ritmo. Él tensa todos los músculos, acelera la respiración. Aprieta los dientes. Cierra los ojos y se vacía sobre sus pechos a la vez que gime y lanza un grito entrecortado.

El vibrador sigue ahí sin parar. Tiene sus labios y barbilla apelmazados de chocolate. Él se lo lame y le acaba por quitar la venda. Las miradas se vuelven a cruzar. Se sonríen.

Él se tumba entre sus piernas y después de sacarle el vibrador de su vagina, empieza a lamerle el sexo, para de nuevo volver a meter todo el vibrador en su interior.

- Mastúrbate, quiero que te corras antes de hacerte el amor y saciarte hasta que no puedas mas.- le pide él

Ella separa más las piernas y con una mano separa los labios de su sexo y con el dedo anular de la otra empieza una frenética carrera en su clítoris. Minutos después…

"No, cielo, te quiero dentro de mí, , y yo no quiero perdérmelo hoy"

Yo seguía con mi pene en erección. Empezaste a sentarte cuidadosamente sobre mí y te clavabas hasta casi la mitad, mientras tus quejidos me ponían a cien, te acuclillabas, para que viéramos ambos como mi pene entraba y salía de ti. En uno de los movimientos se salió, pero entró, ahora sí, completo, en tu vagina. Te deslizabas de adelante hacia atrás, sentía la humedad de tu flujo y te avisé que terminaría, que me iba a correr. Tú te sigues moviendo con frenesí, ansiosa por que mi líquido caliente inunde toda tu vagina. "Has tardado mucho", así que teníamos que seguir, "ponte en cuclillas y mientras te tomaba de las caderas, metía toda mi verga en tu húmeda vagina, los golpes que daba, hacían sonar tu piel con la mía, como verdaderas bofetadas, no vacilaba en alternar mi pene y el vibrador dentro de tu vagina con otra mano te acariciaba los pezones, apretaba fuerte tus senos y a ratos te tomaba del pelo, y te tiraba para atrás para arrancarte un beso. Te tenía toda para mí, excitada, muy excitada y quería disfrutar de ello, excitándome el hecho de que tú también lo harías, porque gemías de una manera indescriptible, subyugada por el placer, por el goce que sentías en ese momento.

Nuevamente te avisaba de mi eyaculación y con los ojos cerrados, esperabas el momento de mi eyaculación, como si fuese un deseo contenido empecé a derramar mi leche que cayó en tu barriga, querías besarme, pero esquivaba tus labios para aprisionar mi pene entre tus senos, que lo abrazaban tibiamente, me giré y empecé a lamer tu clítoris, a chuparlo, completamente desesperado, mientras tenias todo mi pene dentro de tu boca, ni gemías, tu respiración se hacía dificultosa, te ahogabas con mi sexo dentro de tu boca, mamabas ansiosamente mientras tu espalda se arqueaba con un orgasmo interminable, mi lengua se deslizó una vez mas de abajo hacia arriba, tus labios mayores y menores se apretaban como tratando de darme un beso.

Terminada esa tarea, de nuevo me incorporo y levanto tus piernas para ponerlas en mis hombros y de nuevo te penetro con toda la fuerza que jamás hayas sentido: te lo metí todo, absolutamente todo. Mis manos agarraban tus nalgas y con ellas me ayudaba para seguir hundiéndome en ti, hasta casi atravesarte, a veces lo sacaba un poco y me pedías a gritos más y más y yo te obedecía, y te daba todo lo que me pedías.

Ambos nos corrimos como animales en celo, era una explosión de deseo, lujuria, placer,…cayendo extenuados, húmedos, sudorosos, jadeantes y sedientos. Me besaste en la boca, pero ese beso era distinto: estaba cargado de ternura y agradecimiento. Me encendiste un cigarro y con voz suave, pero irónica, me dijiste: "Bueno, no ha estado del todo mal…" Te miré incrédulo, te aborrecí por un momento, pero me repetiste aquello tan tuyo de de "Nunca pillas mi sentido del humor…"

Julio Alberto

 

NO TE DEJO

No te dejo con tu vida

ni con tus sueños

ni con tu gente

ni siquiera con tus puestas de sol

ni con tus amaneceres.

 

 

No te dejo con tus realidades

ni con tus libros

ni con tus fobias

ni siquiera con la inconsistencia del recuerdo

y toda su corte de olvido.

 

 

No te dejo lamiendo tus heridas

ni goteando desde la pena que sangra

errante, sola, en el tejado de la vida

rasgada, acompañada, bajo el sofá de una farsa.

 

 

Me niego a faltar con aviso en la senda de tus pasos

a cerrar los ojos, hacer silencio y limar el sueño

y perder sumiso todo esto que hemos logrado

y ganar en llanto porque no se debe para ellos.

 

 

No te dejo

No te suelto

así de simple y de complejo

No te dejo abonada a la suerte

ni te suelto en lo alto del vuelo

pues has venido con todos mis te amo

has venido con todos mis abrazos

has venido y siempre te he esperado.

 

 

No te dejo con tu ejército de responsabilidades

ni con las lágrimas de un dolor a solas

ni esperaré a estar donde menos me esperes

ni perderé más tiempo en explicarles nuestra historia.

Estás, estoy, somos

y por más que clame el mundo entero

y por menos que lo llore el resto

no te dejo mi niña

no te dejo.

 

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MI MAR

Bajo la luz de la luna quiero ser toda tuya...

Bajo sus tenues rayos plateados comienza lentamente a quitarme la ropa.

Quiero ser toda tuya..... Eternamente tuya.

Quiero sentir tus manos sobre mí y sentir tu lengua lamiendo mi piel.

Quiero sentir ese cosquilleo que en mi provocas cuando me tocas.

Quiero sentir tu lengua entre mis labios mientras nuestros cuerpos poco a poco se amoldan.....

Quiero robarte todo tu aliento y en un gemido de placer decirte que todo esta bien....

Quiero que nuevamente tomes mis manos entre las tuyas, mientras tus piernas se pierden entre las mías...

Mientras nuestros cuerpos lentamente se mojan y tú suavemente te deslizas en mí...

Mientras tu sigues entrando en mi y me provocas ese sentir que me pone a gemir en un coro de placer, un coro que te grita:" Solo soy de ti”.

Quiero hacer el amor contigo una y otra vez.....
Quiero amanecer día con día a tu lado...
despertar enredada entre tus brazos.

Pero en este momento quiero terminar así...contigo sobre mi piel...
sentir tu ser tan adentro y escuchar de ti ese sentir de alivio al momento en que tu río fluye dentro de mi cañada.

Quiero contemplarte así sobre mi piel desnuda.....aquí bajo los tenues rayos de la luna...

Desde siempre he estado enamorada de él. Desde siempre y para siempre me ha gustado. No recuerdo cuando me conquistó; Ni siquiera recuerdo si fue él quién me enamoró ó si fui yo la que se dejó enamorar por sus aguas.

Nunca he conseguido que me deje indiferente. Nací en el interior, me crié en el interior y pretendo morir en algún lugar...donde haya Mar, por eso desde pequeña he querido llevarme un trozo de Mar cuando ya no esté entre los míos.

El Mar se puede oler, se puede escuchar, se puede saborear, se puede tocar y se puede observar. Pocas cosas aglutinan de una manera tan brutal los cinco sentidos.

Si era tan real como para poder usar los cinco sentidos con él, mi duda consistía en si se podría también amar, pero no de un modo espiritual, sino puramente físico, terrenal, mundano.

Soñarlo lo había soñado varias veces, pero la mayor concesión que te puede hacer la vida es que un sueño se haga realidad...

Caminé descalza lentamente hacia él, dejando que su arena zigzagueara entre mis dedos. Me senté en su orilla, semidesnuda, las manos de mi amante rozaron tímidamente mis pies desnudos, solo hasta los tobillos. Sus caricias iban y venían en forma de olas, eran tan dulces sus salados roces....

Sutil, así es mi Mar. Sutilmente me acariciaba, consiguiendo que después de unos minutos, ya no supiese si me tocaba ó no.
Mis piernas estaban flexionadas, era una noche oscura, pero la luna se reflejaba en la espuma que levantaban las manos de mi amante cada vez que se acercaba a acariciarme.

Él alargó aún más sus manos hasta llegar a mis muslos cubiertos por un vestido corto de gasa, el vestido se pegaba a mis piernas y tan sólo se despegaba con cada una de las caricias de mi amante. Mi sexo no tenia ninguna cárcel que lo aprisionara, estaba desnudo debajo de aquel finísimo vestido. Mis pechos, sin cárcel al igual que mi sexo, se mostraban exultantes, excitados y deseosos de recibir el mismo trato que hasta ese momento sólo recibían mis piernas.

Me tocaba cada vez en intervalos más cortos de tiempo, una y otra ola, fría, húmeda. Una y otra vez apagaba el calor que tenía mi piel, pero entonces se volvía a alejar....para volver de nuevo aún más cerca de mí. No sé ni cuanto tiempo pasó hasta que decidió acercarse a mi sexo...
Abrí mis piernas, necesitaba sentir sus manos húmedas en la cara interna de mis muslos... Y lo hizo, volvió a acercar sus dedos a mis muslos, una y otra vez, y otra, y otra.. Hasta que consiguió entrecortarme la respiración, deseaba acercarme más a él, pero al mismo tiempo estaba tan excitada que no quería que aquello acabara nunca, así que no me moví, sólo dejé caer mi espalda para apoyarme totalmente en su arena.

Las yemas de sus dedos empezaron a introducirse debajo de mi vestido en forma de espuma, me acariciaba hasta que se deshacía dentro de mí en pequeñas burbujas. Mi humedad se mezcló con la suya y juntos dibujamos caricias moradas con su azul y mi rojo.

Mis ojos estaban abiertos, mirando una luna que brillaba y hacía que las pequeñas partículas de arena mojada también brillaran en mi piel...

Sin poder ni querer evitarlo, empecé a jadear cuando mi amante se armó de valor y olvidó cualquier pudor. Sus caricias en forma de olas llegaron hasta mi sexo, lo mojaban y él se mojaba. Poco a poco fueron dándome un placer de cinco sentidos. Una presión sobre mi clítoris hizo que éste se hinchara de un placer suave, mojado, dulcemente salado. Oleadas de placer recorrieron mi cuerpo, amasaron mis pechos, pellizcaron mis pezones y crucificaron mi sexo con cada embestida.

Pero después de cada caricia, de cada lametón... volvía a alejarse. Me castigó con sus repentinas huidas hasta que sin darme ni cuenta, mi cuerpo estuvo completamente cubierto por mi amante. Todos los poros de mi piel se amargaron con su sabor. Mi pelo se empapó con su sudor, mis labios se convirtieron en unos labios salados por el sabor de su piel, me jadeaba al oído, olía a sal.

Necesitaba sentirme poseída por el Mar, aquello era demasiado para mí. Puse mis brazos en cruz y con mis dedos mordí la arena de mi amante, intentando arañarlo, devolviéndole el sufrimiento que él me regalaba con cada huída. Mis pezones se endurecieron como nunca antes lo habían hecho, sólo las caricias de mi Mar suavizaban su dureza. Mi Mar, mi amante...mi amor.

y en su búsqueda, la búsqueda de su placer y el mío propio, me dejé caer por la arena. Deslicé mi cuerpo lentamente hacia él, su arena resbaló por mi espalda y pellizcó mi cuerpo mientras sus caricias se hacían más bruscas. Poco a poco me adentré en su orgasmo, en sus aguas....en su interior. Y mi amante me cubrió por completo, me llenó de agua, de caricias y de vida eterna a su lado. Violentamente me penetró por completo, mis gemidos se ahogaron en su agua al igual que mi orgasmo, al igual que mi vida.

Desde entonces, o sea, desde siempre, le he sido fiel. Él es para mí y yo para él, dormimos juntos cada noche y si tengo frió me arropa, y si tengo calor me moja....y si tengo deseo....me ama. Mi Mar, mi amante...mi Amor.

Él ha sido mi único amante, el primero y el último. Le di mi virginidad y ahora él me cobija en sus aguas, le di mi vida terrenal y él me hizo inmortal en sus océanos....

Ahora os vigilo desde el Mar. Os cuido y os castigo, os mimo y os sonrío desde sus aguas. Mi Mar, mi amante....mi Amor.

 

JULIO ALBERTO

PROLOGO

La vida sexual de las parejas, sobre todo de aquellas que conviven a diario, puede convertirse en rutinaria si no se hace un esfuerzo por innovar y mantener viva la llama de la pasión. Esa energía y curiosidad inicial suele sustituirse en estos casos por una mayor familiaridad, un mayor afecto y seguramente por un amor más intenso, pero también por una creciente rutina en los encuentros sexuales. Las fantasías pueden, en este sentido, colaborar en la recuperación de una vida sexual tan estimulante como la que suele desplegarse en los inicios de una relación.

Las fantasías sexuales son simplemente, como la propia denominación sugiere, el resultado de nuestra imaginación, productos de nuestra mente que pueden ayudarnos a revitalizar nuestra actividad sexual. Desde muy jovencitos, la mayoría de nosotros tenemos fantasías sexuales que pueden provocar reacciones muy diversas: resultar placenteras y estimulantes, o ser incómodas y desafortunadas. El adolescente se imagina a sí mismo protagonizando actos sexuales que aún no ha vivido. Es como una especie de entrenamiento. Por ello, una función esencial de la fantasía en la adolescencia es servir como ensayo. Así ocurre cuando el adolescente se ve realizando acciones sexuales que aún no ha vivido. En muchas ocasiones, se ve protagonizando escenas de contenido erótico con conocidos o con personajes de ficción.

En cuanto a las fantasías sexuales después de la adolescencia, presentan finalidades muy diversas. Por ejemplo, a veces se utilizan para aumentar el deseo y el placer en pleno acto sexual, y otras, para provocar la excitación cuando no hay una pareja disponible. Sus efectos también pueden variar: en ocasiones disminuyen el aburrimiento, o bien mejoran nuestra propia imagen, o bien nos permiten relajarnos y olvidarnos de las preocupaciones. De esta forma, la respuesta sexual, tanto en relaciones de pareja como cuando nos proporcionamos autosatisfacción, puede mejorar sensiblemente. Nos proporcionan placer, excitación, confianza en nosotros mismos, etc. Y, sobre todo, suele decirse que una de sus mayores ventajas es que son de nuestra propiedad y nadie más tiene acceso a ellas. Son absolutamente privadas (a no ser que se desee intencionalmente compartirlas con la pareja). Esto permite que juguemos con ellas, que las adaptemos a nuestro antojo, que las reiteremos tanto como queramos,....

A diferencia de las fantasías adolescentes, que suelen ser previas a la experiencia, las fantasías que desarrollamos en la madurez recrean más frecuentemente situaciones que ya hemos vivido. Eso sí, también podemos imaginarnos escenas con gente que deseamos pero que no podemos conseguir, o con actividades sexuales que no nos atrevemos a experimentar. Se dice que los hombres desarrollan más esta habilidad para crear fantasías que las mujeres. En todo caso, cualquier persona crea lo que se denomina el "mapa del amor", con las virtudes del ser que ama y con los actos de carácter erótico que más placentero le resulta practicar con él. Las fantasías complementan este mapa ficticio, incorporando también todo aquello que no practicamos, por las razones que sean, pero que nos resulta agradable imaginar y que nos excita.

 

     Comparte conmigo este viaje a ese lugar tan íntimo y exclusivo que sólo tu imaginación puede concebir. Vive en cada una de mis narraciones esas historias que te gustaría protagonizar. Sé en esta reunión privada, el invitado de honor y permite que tus ojos, tu mente y tus sentidos materialicen ese mundo de erotismo que te encantaría probar.  

Acompáñame por este recorrido de historias, cuentos y vivencias. Sueña, viaja, vibra con tus deseos que juntos vamos a despertar al amante insaciable que duerme en ti.

 

Julio Alberto   

   

 

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